Cada año, la sepsis afecta a millones de personas en todo el mundo y es responsable de aproximadamente uno de cada cinco fallecimientos globales, según estimaciones de la OMS. Es una cifra que sorprende incluso a muchos profesionales sanitarios, acostumbrados a pensar en la sepsis como una complicación grave pero infrecuente. La realidad es la contraria: la sepsis es una emergencia médica frecuente, y una parte muy significativa de los casos que se originan en el hospital parten de infecciones que podrían haberse evitado.
El 13 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Sepsis y, apenas cuatro días después, el 17 de septiembre, el Día Mundial de la Seguridad del Paciente. No es casualidad que ambas fechas caigan tan cerca: la sepsis es, en el fondo, uno de los desenlaces más graves de un fallo en la seguridad del paciente. Este artículo aborda la conexión entre ambas cosas y por qué el control de infecciones —mucho antes de que aparezca cualquier signo de alarma— sigue siendo la herramienta más eficaz para combatirla
¿Qué es la sepsis y por qué es una urgencia médica?
La sepsis es la respuesta desregulada del organismo frente a una infección, que puede acabar dañando sus propios tejidos y órganos. No es la infección en sí misma, sino la reacción exagerada e inflamatoria que el cuerpo desencadena para combatirla, y que termina siendo más peligrosa que el propio patógeno. Sin tratamiento inmediato, puede progresar a shock séptico, fallo multiorgánico y muerte en cuestión de horas.
Lo que hace de la sepsis una urgencia especialmente traicionera es su rapidez: cada hora de retraso en el tratamiento antibiótico adecuado incrementa significativamente el riesgo de mortalidad. Por eso las guías clínicas internacionales insisten en la detección y el abordaje precoces como el factor que más influye en el pronóstico del paciente.
El vínculo entre las infecciones asociadas a la atención sanitaria y la sepsis
Buena parte de los episodios de sepsis que se desarrollan durante un ingreso hospitalario no llegan «desde fuera»: se originan en el propio proceso asistencial. Las infecciones asociadas a la atención sanitaria —de catéter, de sitio quirúrgico, urinarias o respiratorias— son, todas ellas, puertas de entrada potenciales hacia un cuadro séptico.
Un ejemplo especialmente claro es la neumonía asociada a la ventilación mecánica (NAV), que afecta hasta a un 25% de los pacientes de UCI y añade de media 5 días de estancia adicional, con un sobrecoste aproximado de 25.000 € por episodio. Cuando una NAV progresa sin control, es una de las vías más directas hacia la sepsis en el paciente crítico. De ahí que reducir su incidencia —como hacen los sistemas de aspiración subglótica, capaces de reducir hasta un 50% los episodios de NAV— no sea solo una cuestión respiratoria, sino también una medida de prevención de la sepsis
El papel de las manos y las superficies en el origen de una sepsis evitable
Las bacteriemias asociadas a catéter, las infecciones urinarias por sonda y las infecciones de sitio quirúrgico comparten un mismo patrón de origen: manos, superficies e instrumental mal desinfectados que actúan como vía de entrada de microorganismos al torrente sanguíneo. Cuando esa entrada progresa sin ser detectada a tiempo, el riesgo de sepsis aumenta de forma directa. Por eso los programas de vigilancia epidemiológica —que registran específicamente este tipo de infecciones— son una pieza clave del sistema de alerta temprana.
En Cataluña, el Programa VINCat, reconocido por el ECDC como referente europeo, vigila específicamente líneas como la bacteriemia y la infección relacionada con catéteres en 71 hospitales, generando datos que permiten anticipar brotes y detectar tendencias antes de que se traduzcan en más casos de sepsis.
Detección precoz: los signos de alarma que no se pueden pasar por alto
La detección precoz de la sepsis se apoya en el reconocimiento de un deterioro clínico que a veces es sutil al principio: fiebre o hipotermia, taquicardia, taquipnea, confusión o desorientación repentina, y una caída de la tensión arterial. Herramientas de cribado como el qSOFA (quick Sequential Organ Failure Assessment) ayudan a los equipos a identificar con rapidez a los pacientes con mayor riesgo de progresar hacia un cuadro grave.
Sin embargo, ninguna herramienta de cribado sustituye a la prevención. Cuanto menor sea el número de infecciones asociadas a la atención sanitaria que se producen, menor será también el número de pacientes que necesiten ese cribado en primer lugar.
Prevención: el papel del control de infecciones antes de que aparezca la sepsis
La prevención de la sepsis hospitalaria se sostiene sobre los mismos pilares que la prevención de cualquier infección asociada a la atención sanitaria: higiene de manos, antisepsia de la piel, desinfección de superficies y procesamiento correcto del instrumental. No son medidas nuevas ni sofisticadas: son gestos cotidianos que, aplicados con disciplina, cortan la cadena de transmisión antes de que llegue a comprometer el torrente sanguíneo del paciente.
Los «5 Momentos» de la OMS para la higiene de manos, aplicados a la prevención de la sepsis
La OMS define cinco momentos clave en los que la higiene de manos es obligatoria: antes de tocar al paciente, antes de realizar una técnica aséptica, después del riesgo de exposición a fluidos, después de tocar al paciente y después de tocar su entorno. Cada uno de esos momentos representa una oportunidad de cortar exactamente el tipo de transmisión que puede acabar derivando en una bacteriemia y, en el peor de los casos, en sepsis. Contar con soluciones de antisepsia de manos bien formuladas, que el personal pueda usar con frecuencia sin dañar su piel, es lo que hace sostenible el cumplimiento de estos cinco momentos en la práctica diaria.
Cada gesto de higiene de manos que se omite no es un riesgo abstracto: es una oportunidad real para que una infección evitable progrese hacia una sepsis. La prevención no es una fase previa al tratamiento: es, en sí misma, el tratamiento más eficaz.
El control ambiental completa esta primera línea de defensa. Las soluciones de control de infecciones en superficies de contacto reducen la carga microbiana del entorno inmediato del paciente, cerrando otra de las vías por las que un patógeno puede llegar a comprometer una vía central, una herida quirúrgica o un catéter urinario.
Conclusión: la sepsis se combate, sobre todo, antes de que aparezca
La sepsis seguirá siendo, durante años, una de las principales causas de mortalidad hospitalaria. Pero buena parte de esa carga es evitable si se actúa en el origen: en la higiene de manos que no se salta ningún momento clave, en la superficie que se desinfecta correctamente, en el catéter que se maneja con la asepsia adecuada y en el sistema de vigilancia que detecta una tendencia antes de que se convierta en un brote.
En Libera Médica acompañamos a las instituciones sanitarias en cada uno de esos eslabones, con soluciones de prevención, asesoramiento y formación. Porque combatir la sepsis no empieza en la UCI: empieza, mucho antes, en cada gesto de control de infecciones bien ejecutado.
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